Justo ahora hablaba con Anna Andreyuk, que es mi mejor amiga rusa en República Dominicana. Me dice que su abuelo murió el jueves a las 12:36, o sea esta tarde. Debe ser difícil para ella también, la muerte de un abuelo. Pero al menos tuvo la oportunidad de estar junto a él y los suyos. Y de chepa, pues hace unos días que regresó a San Petesburgo, de donde es originaria. En su caso es interesante que su abuelo haya muerto luego de su regreso a Rusia. Ella no me había comentado las circunstancias de su viaje, pero es innegable que su presencia durante las fiestas de fin de año va a alegrar su familia, en especial a su abuelita, que estrena el título de viuda.
¿Y qué pasará con la gente cuando se muere, sobre todos los abuelos? De seguro que allá llegan a una sala blanca, con silla y un escritorio, como las salas de espera de los consultorios. En la mesa, un teléfono, también blanco. Solo un teléfono. Como al llegar no hay nadie, el primer impulso es el de descolgar el teléfono… Un mensaje de voz, grabado, es lo primero que se oye: ¡Bienvenidos al Cielo!, for English, press 1. Para comunicarse con el Departamento de Almas de Nuevo Ingreso, pulse el 9, para consultar su lista de pecados terrenales, espere en línea, un ángel lo antenderá en breve… Si conoce el número de la estación, un querubín lo atenderá, si no espere en línea, de todos modos usted tiene toda la eternidad para esperar… La música de espera debe ser algo de Enya o una de las canciones de Julio Iglesias y el olor a Mistolín debe ser algo nauseabundo. Pero nunca lo sabremos, los sentidos en el Cielo ya no funcionan. Ni el hambre, ni la soledad, ni las cosquillas, nada es lo mismo cuando el cuerpo se queda atrás y lo único que avanza en la existencia es algo tan etéreo y con tan mala prensa como el alma.
¿Y qué pasa con el cuerpo? Nada bueno, al menos en el Cementerio de la 30 de Marzo. Durante la marcha fúnebre, vi a tres cucarachas salir de la esquina de un edificio de muertos y el aire estaba tan cargado que aproveché para dar una vuelta por mis tumbas favoritas. La del barón del cementerio es siempre la más concurrida. Pero ese día había más abejas que gente. Siempre ponen comida en la tumba del primer muerto, pero esta vez había azúcar. Mucha. Tal vez fue un homenaje a tío José Omar, que siempre ha trabajado en el Central Romana. Y entonces pensé en lo que me dijo Martha, que las almas solo comienzan su viaje luego de dos o tres días de vagar sin rumbo cerca de los que quedan atrás. Otra observación interesante fue la de mi hermano Omar: hay que reforzar la estructura del panteón de los Bisonó porque solo queda un nicho disponible y somos tan gordos, que de momento el edificio entero colapsa. Lo que sería un espectáculo lamentable, sobre todo sabiendo que hay tumbas de personajes célebres por ahí, como las de Salvador Estrella Sadhalá o los miembros fallecidos de las familias Haché o Dumit.
Los entierros no deberían de ser tan tristes, sobre todo en culturas como la nuestra, en donde parece que la felicidad es la norma cuando hay dos o tres dominicanos en un mismo sitio. Si mi abuela hubiera nacido en otras latitudes, tal vez la habrían cremado o puesto en una barcaza para que se la trague algún río sagrado. O tal vez nos la hubiéramos comido en una ceremonia caníbaloreligiosa, entre cantos a la eternidad y los nuevos de la tribu. O tal vez alguien hubiera leído un panegírico o llevado algo para comer. Porque es mucha el hambre que se pasa en un entierro dominicano: solo hay café y colado de antes, tal vez para el muerto del día anterior. Yo propongo que los entierros sean más parecidos a los que se acostumbran a realizar entre los anglosajones de América del Norte: con videos del muerto y comida. O como los entierros de los chinos aquí en el país. A propósito, ¿cómo enterrarás los chinodominicanos a sus muertos? Nadie sabe. Aunque el mito es falso: yo vi un edificio en el cementerio con caracteres chinos, en homenaje a la colonia china en Santiago. Pero al no ser católicos o cristianos, ¿tendrán cabida en un cementerio municipal? Yo creo que sí, pues si es del municipio es propiedad de todos.
Ahora queda una larga etapa de celebraciones: las misas diarias hasta los 9 días del fallecimiento del decujus, la misa de 9 días, o del Novenario, la misa del primer mes, el primer año y así. Y lo mejor es la fiesta de cumpleaños de mi abuela, que es el 28 de diciembre. Mi hermano Omar también celebra su cumpleaños ese día, así como la madre de mi abuela, Bertha. Pero no será lo mismo, nunca lo ha sido. Los cumpleaños no son más que entierros por adelantado, pero con bizcocho y refresco. Tal vez por eso los cumpleaños infantiles tienen payasos…